Hola! Yo soy Irene.

Mi amor por la fotografía es casi genético. Empezó…

Digamos que no sé cuándo empezó. Recuerdo disfrutar desde siempre con mi padre haciéndonos fotos a mi hermano y a mi.  Enseñándonos a hacer una cámara con una caja de zapatos pintada de negro. Y revelando juntos con las bandejas de líquidos sobre la tabla de planchar.

Ahora tengo un marido, dos hijos y un perro. La vida ha cambiado. Pero hay sensaciones que no se van. Cuando voy a casa de mis padres y cojo esas fotos…en blanco y negro. En un papel grueso y arrugado por los líquidos y el paso del tiempo. Nos miro y recuerdo la felicidad de cada momento. En cada fotografía. Soy de esas personas afortunadas que tuvo una infancia feliz.

Quizá eso responda a ¿por qué niños? Adoro la fotografía, en todos sus campos. Pero con ellos es donde más sentido cobra. Si hay algo que la maternidad me ha enseñado es a no forzar. Los niños, para bien y para mal, son libres. Así que cuando los fotografías jugando es porque están jugando. Cuando los fotografías felices es porque están felices. Y cuando te regalan una sonrisa, es porque es de verdad.

Tengo la fortuna y el placer de empaquetar un trocito de esos sentimientos. Para sus padres. Para sus abuelos. Para sus tíos. Pero sobretodo para ellos cuando sean mayores. Reencontrarse con ello treinta años después, no tiene precio. Te lo aseguro.

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